Hace unos cuántos días que intento madurar en los escasos momentos de silencio estás líneas, la prisa cotidiana, las urgencias... el tiempo que sucede... recién hoy, hago un alto en el camino para tirar las redes de mi pensamiento en la esperanza de pescar algunas propuestas que te sirvan para mantener la lámpara encendida.
Propuse el título sin saber que existía un libro así titulado por uno de los grandes autores espirituales de esta época, Carlos G. Vallés, sacerdote jesuita.
Los protagonistas de la historia bíblica nos demuestran hasta que punto tuvieron que corregir la "imagen que se habían fabricado de Dios", aquella que, incluso, había sido heredada de sus tradiciones familiares.
Todos sabemos del proceso doloroso de Adán y Eva en el paraíso según lo relata el mito bíblico. Fue caro el precio pagado por la falsa concepción del Jardinero del Edén.
Más tarde el mismo Abraham dejando seguridades, se hizo peregrino de la promesa de Dios, intentando leer en los hechos cotidianos los anticipos de la bendición.
Quién sino Moisés, criado en la religión egipcia, se dará cuenta que Dios no es opresor, ni quiere el dolor y el sufrimiento, sino que es un Dios liberador y prefirió entonces compartir la suerte de su pueblo a las seguridades del palacio. Y así desandó el camino del desierto.
La misma Rut, moabita, abandona el dios familiar para confiar en el Dios de Israel convirtiéndose en modelo de solidaridad familiar.
Así tantos otros, Isaías, Jeremías, etc. todos ellos comprendieron que la verdadera imagen de Dios está esculpida en el corazón del próximo y que no reclama sacrificios inútiles, ni abrazar causas institucionales, ni leyes divorciadas de la vida cotidiana.
Cada uno, construye "su" Dios. Pero al poco de analizar la foto o su imagen, nos damos cuenta que es como nosotros, que es una proyección de nosotros mismos. Con algunos retoques de viejas catequésis, tradiciones familiares, entornos culturales y muchas imágenes que de aquí y de allá se nos han ido grabando en la memoria.
Acaso no relacionamos nuestros males e infortunios a alguna "deuda" pendiente con Dios. Y decimos "Dios lo quiso", "Dios lo dispone así para mí" y bajamos los brazos sin luchar pensando que el tema está cerrado.
La foto de "nuestro dios" ¿no contiene acaso más leyes, dogmas e institucionalidad y por lo tanto miedos, que experiencia filial?
La imagen que se proyecta en mi conciencia, ¿qué me sugiere? No surge acaso como la experiencia de Moisés del encuentro de un amigo con su amigo, el mismo Jesús nos dijo "los llamo amigos". Como Elías percibimos que El es simplemente una suave brisa en el corazón, que oxigena, que alivia... En muchas ocasiones hemos experimentado como el Padre Dios nos lleva en el cuenco de sus manos mientras transitamos la fragilidad de la geografía cotidiana, sabemos que siempre bendice y hace nuevas todas las cosas en torno a nosotros.
Dios no es pieza de un anticuario, no es dogma, ni siquiera ley, precepto o mandamiento. Tampoco es el cúmulo de costumbres. Aunque de todo esto pueda haber un poco, pero convengamos que nos hemos acostumbrado también a postrarnos delante de una imagen falsa de Dios, que nos termina esclavizando, amedrentando o paralizando en la misión de ser quienes intentamos fraternizar la vida y portar su bendición liberadora nunca desentendida del aquí y ahora.
Si bien todos nuestros conceptos, es decir nuestras palabras y pensamientos son limitados cuando se refieren a Dios, no podemos hablar de El sino desde la pobreza de nuestro lenguaje, desde la distancia analógica de nuestros pensamientos y experiencias cotidianas. Y podríamos decir que Dios es, simplemente, como dice El "Soy el que Soy", que reune en sí la totalidad de las virtudes que admiramos en los demás, la totalidad de la bondad y ternura de nuestros seres queridos, la alteridad por excelencia.
Por otra parte, recordemos que Dios solo puede obrar movido por el Amor, no puede obrar de otra manera. Entonces de donde vienen nuestros miedos al infierno, al mal, a padecer enfermedades en castigo por nuestros pecados, a que mañana llueva porque Dios quiere, a tener que hacer sacrificios, a cumplir preceptos o vaya a saber cuanta cosa más.
Pero convengamos y hoy lo comprendemos más, muchas de nuestras maneras de vivir pueden perjudicar nuestra calidad de vida y puede enemistarnos con nuestros prójimos y no por eso le echaremos culpa a Dios, como quien en un partido de fútbol insulta al árbitro por que jugando mal pierde. En Dios solo encontramos el "reglamento" para jugar el partido de la vida lo mejor posible, de nosotros depende.
Dejar a Dios ser Dios, es liberarlo de las "trampas" de cierto discursos de la iglesias, es liberarlo de la jaula de conceptos "prehistóricos" que se fueron acumulando, es abrir la cabeza y dejar que El nos colme con su bendición y con su paz.
Nunca más un cristiano sumiso o cura-dependiente o pastor-dependiente, sino cristiano que corajudamente como Jacob luchan toda la noche por la bendición de Dios.
Cada cual debe seguir su voz interior, en libertad y siempre en claves hermandad y filiación, como aquel que vivió en Dios y para los demás.
